224.-Objeto del arte espiritual

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Estos son los instrumentos del arte espiritual. (4.73)

En la conferencia anterior, después de hacer algunas consideraciones generales sobre el arte espiritual, nos detuvimos a considerar como la vida monástica es un arte espiritual en su fin. Hoy me fijaré en su objeto.
El trabajo del arte  espiritual consiste en arreglar el desorden que existe  en  razón de la inclinación al mal de nuestra naturaleza, fomentado por nuestros desordenes personales y reemplazarle por una vida  sobrenatural.
No se trata  de dar unas pinceladas en la superficie, para adquirir una forma y color monástico. Es necesario llegar a lo más profundo del ser para lograr una verdadera transformación. Llegar hasta la raíz del mal en nosotros y arrancarlo en todas sus manifestaciones.
El amor a la pobreza a los sufrimientos, a las humillaciones combaten el amor a nosotros mismos que invade todos nuestros pensamientos, palabras y acciones, y lo reemplaza por el amor a Dios y a la búsqueda de Dios en todo. Tal es el trabajo, el objeto de nuestro arte espiritual y para llevarlo a cabo, S. Benito nos ha presentado tan variado instrumental.
No se trata de un trabajo superficial y fácil. Podemos decir que es   el arte de las artes, el más  complicado, duro, difícil y también el más expuesto a ilusiones, porque  su objeto, espiritual ante todo, es el alma, y lo que hay de más íntimo en el alma, el amor.
La vida religiosa es también un arte espiritual en sus medios. El arte espiritual no puede ser ejercitado más que por un obrero espiritual y con instrumentos espirituales. No es el cuerpo con sus sentidos, sino todo nuestro ser, alma y cuerpo, que con su inteligencia y voluntad, asistidas de la gracia, puede hacer  el trabajo de la  trasformación.
Sin duda el alma se sirve del cuerpo, y le aplica  por medio de las obras exteriores el remedio para dominar los impulsos que le llevan naturalmente a buscar lo que le agrada, y a huir de todo dolor.
El espíritu es el que tiene que dirigir todo. Sin él, los actos exteriores carecen de valor, sin vida. El espíritu, animado por la caridad es el que da valor a las obras exteriores Y el progreso en este camino es un acercarse al ideal de la configuración con Cristo.
Podemos examinar con una mirada de conjunto de todo el capítulo cuarto, qué progresos hemos hecho en el arte espiritual. Si vemos que es muy pobre este progreso, casi seguro que proviene de una de estas tres causas. Haber perdido de vista con más o menos intensidad el horizonte infinito de nuestra vocación.  O que el trabajo espiritual ha sido más superficial que radical,  no hemos atacado de frente al verdadero enemigo, el amor propio. O en fin, nos hemos contentado con cumplir externamente nuestras obras  sin vivificarlas suficientemente con la  búsqueda de Dios y el desprendimiento de nosotros mismos.

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