100.-El Señor desea que lo amemos.

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Ante  todo, amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.(4,1)

El Señor desea que le amemos. No solamente permite que le  amemos, lo cual sería ya  un gran favor. No solamente no excluye a nadie de ese privilegio, ni al mayor de los pecadores, sino que invita a todos. Nos llama a todos al banquete delicioso de su amor. “Venid a mi todos los que éxtasis cansados y fatigados”. Y promete hacer su morada  en nosotros si consentimos en amarle: “Si alguno me ama, mi Padre le amará, vendremos a El y  haremos en  él nuestra morada”.

Y no es esto una invitación de pura fórmula. Tanto desea que le amemos que se ha hecho semejante a nosotros, para ganar nuestro amor. Se ha hecho víctima sobre la cruz, para obtener al menos nuestro amor compasivo. Se ha hecho presente en la Eucaristía para comunicarnos esta pasión del amor.

Desea tanto nuestro amor que pide que se lo concedamos. Mi amor a los hombres es tan grande, decía a Sta. Margarita Maria de Alacoque, que no puede contener más las llamas  que consumen mi corazón. Y de la mayor parte de los hombres, no recibo nada más que ingratitudes. Tú a lo menos, añadía, hazme ese placer de consolar mi corazón con tu amor.
¡Qué más encantador que ver a nuestro Dios inclinándose a nosotros y diciendo: Hijo mío, dame tu corazón, ámame!
Y no solo desea que le amemos, sino que nos manda amarle. Es el primer mandamiento salido de su boca. El gran mandamiento dirigido a todos los hombres  sin excepción. No dispensa ni quiere dispensar a nadie, y con insistencia  lo repite:”escucha Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo  el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Guardarás estas palabras en tu corazón, se las enseñaras a tus hijos, las meditarás sin cesar, sentado, en tu casa,  de camino,  al acostarte y al despertar”.
Nuestro Señor al venir a este mundo ha como intensificado este mandamiento. “He venido atraer fuego a la tierra”. Ha venido a pedirnos un amor más generoso, más íntimo, más ardiente.
San Bernardo dice en el sermón 58 de C.C.:”Aprended de Jesucristo como debéis amar: Apreded a amarle tiernamente,  prudentemente y amarle briosamente.
-Tiernamente, para que no suceda que seáis                               atraídos por los encantos de los deleites carnales.
-Prudentemente, para que no seáis engañados y seducidos.
-Briosamente para que no seáis vencidos y apartados  del amor que debéis a Jesucristo.
Y sigue diciendo  A fin de que los placeres de la carne o la gloria del mundo no os arrastre, la sabiduría, que es Jesucristo, tenga para vosotros atractivos y dulzuras infinitamente superiores a ellos.
A fin de que no seáis abatidos por las adversidades, procurar que la verdad de Dios, que es Jesucristo, os fortifique, que la caridad inflame vuestro celo, que la ciencia lo ordene y la constancia lo afirme.
Esta semilla que dejó Bernardo, fructificó  en numerosas almas a través de los siglos. Algunos años después Sta. Lugarda, cuya fiesta celebraremos el día 16 de junio, la podemos considerar  como la precursora del amor al Corazón de Jesús. Todo cuanto cuatro siglos después reveló a Sta. Margarita. Lo había expresado ya Sta. Lugarda, fiel hija de S. Bernardo.

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