121.- No hacer a otro lo que uno no desea para sí mismo. (4,9)

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Es fácil que tengamos inclinación a pasar un tanto a la ligera este instrumentote las buenas obras, pensando que lo observamos ya que basta seguir nuestro instinto natural, para  no hacer a otros lo que no queremos que hagan con nosotros.
Esta ley está grabada en el corazón de todos los hombres de tal suerte que los mismos paganos la conocieron, la enseñaron  y la practicaron.
Pero para reafirmar esta ley Dios ha querido que constase con un mandato explícito, y no sin motivo Jesús la ha reproducido en el evangelio y S. Benito la recoge en la Regla.
Bien mirado, es una ley difícil de observar, y quizás el punto de nuestra Regla que inconscientemente, violamos con más frecuencia.
Llevamos esta ley muy inscrita en el corazón, pero también llevamos en nosotros un egoísmo vergonzoso que oscurece la ley de Dios  y hace que tengamos dos medidas: una muy exigente para el hermano, y otra  muy amplia para nosotros mismos. Una muy severa para poner a salvo nuestros intereses, otra muy diferente respecto a los intereses de los hermanos.
Si miramos bien y detenidamente nuestros pensamientos, nuestra conducta, nuestras palabras, podremos discernir cómo observamos este punto de nuestra regla.
En este instrumento están resumidos todos nuestros deberes para con nuestros hermanos. Con diferentes términos recuerda S. Benito este principio a través de toda la Regla. Y Jesús después de haber predicado la caridad perfecta  de la nueva ley: perdonar las injurias, devolver bien por mal, resume el mismo Jesús todo, cuando dice: “haced con los otros lo que vosotros queréis que se haga con vosotros” y añade:”esta es la ley y todo los profetas”. Si se observa, se observará a la vez la justicia y la caridad. La justicia, que da a cada uno lo que le es debido,  y la caridad  que ama al hermano como a sí mismo.
Nosotros podemos añadir. El que observe este instrumento, será un perfecto discípulo de S. Benito.
La consideración atenta, nos hace descubrir que este instrumento no tiene límites.”Haced por los otros TODO  lo que deseáis os hagan”. Tendremos así una caridad perfecta para con los hermanos.
La observancia de este precepto significa el cumplimiento de todos los deberes para con Dios, pues observamos su voluntad, y dada nuestra fragilidad, no podemos hacerlo sin tener nuestros ojos puestos en El.  Y también el cumplimiento de todos los deberes para con nosotros mismos, pues no se puede practicar esta caridad perfecta sin  un desprendimiento completo de todas las criaturas, de nuestras comodidades, de nuestros afectos, de nosotros mismos.
Con frecuencia deseamos normas concretas de perfección que nos ayuden en nuestro continuo caminar. Aquí tenemos la que nos conducirá prontamente a la extirpación de todos nuestros vicios  y  a la adquisición de todas las virtudes.

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