161.- No dado al sueño.- (4, 37)

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La tentación del sueño es una de las tentaciones que más tiene que luchar el monje. La fase más fuerte es aquella que le lleva a amar de tal manera su cama, que prolonga su sueño algunos instantes después de oída la señal.

También escuchar demasiado los pretextos de la naturaleza, para justificarse ante si, de un suplemento de sueño, tomándolo por si mismo sin permiso. Se ha convencido de que le es necesario ese reposo.
 La tentación más corriente es la que lleva a la somnolencia durante la oración, la lectura o el oficio. Ya vemos como S. Bernardo echa en cara el que algunos monjes están dormidos mientras predica en el capítulo. Comprende que las Vigilias han sido largas, pero se pregunta por qué también en el capitulo se duermen los que han estado  dormidos también durante las Vigilias. Se ve que el dormir durante los Oficios tiene una larga tradición, raíces muy hondas. Los mismos santos han conocido esta tentación.
Está  por fin la somnolencia que nos lleva a soñar sin dormir. Uno se puede pasar la vida en una divagación continua de la imaginación. Aquí vendría bien recordar cuanto nos dijo en el último retiro D. Saturnino Gamarra. “Atención a la atención”. El considerar este instrumento, puede ser ocasión de reflexionar a ver en que medida nos pueden afectar estas tentaciones, y si las combatimos suficientemente.
El sueño, como la comida, tiene medida distinta para cada persona. Pero en general, podemos observar en la vida de los santos que se dolían por la necesidad de entregarse al sueño.
 No podemos decir que las horas dedicadas al sueño necesario sean tiempo perdido, puesto que durmiendo hacemos la voluntad de Dios. Esto nos tiene que llevar a ser fieles todo lo posible a las horas señaladas de descanso, ya que es una manifestación de la voluntad de Dios, máxime teniendo en cuenta que en nuestro horario en Zenarruza, tenemos menos tiempo del señalado por la Orden, para el descanso nocturno. 
El sueño querido por Dios es reparador, y como tiempo querido por Dios, debemos procurar no dedicarlo a otra cosa, incluso sería tentación dedicarlo a orar, sin una razón muy de peso o confrontada por la obediencia. No descansando debidamente en los momentos queridos por Dios, estaremos soñolientos durante el día. Y tiene un efecto secundario, comprobado con la experiencia, que la falta de sueño produce irritabilidad, creando problemas comunitarios. Y que al aumentar las horas de descanso, han disminuidos estos problemas.
 La somnolencia puede tener varias causas, y por lo tanto diversos remedios. Puede proceder del exceso en la comida y la bebida. Remedio será  la sobriedad. El exceso en el ayuno, el trabajo, será  moderar estos excesos. Si es consecuencia de la enfermedad física o mental, someterse a los remedios prescritos por el médico. Finalmente puede provenir por tentación del demonio o por malos hábitos contraídos por uno mismo. El remedio será  la lucha para reemplazar una mala costumbre, por una buena.
En cuanto a la somnolencia y divagación, puede proceder de una falta de fe o de buena voluntad. Tengamos un pensamiento que nos domine, para combatir esa vagancia mental funesta.

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