144.-No tener dolo en el corazón. (4,25)

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En la vida comunitaria que es el lugar donde se desarrolla el seguimiento de Cristo. Otra condición para no anteponer nada a Cristo, y poder alcanzar esta meta es no  abrigad en el corazón doblez alguna.
Esta rectitud de corazón la hemos de manifestar tanto en nuestras relaciones con Dios como con  nuestros hermanos.
El Eclesiástico dice: no te acercaras a Dios con un corazón doble (1,36) y en otro lugar,”desdichado el que tiene corazón doble”. La doblez de corazón es la marca del pecador. Bienaventurado aquel a quien Dios no le ha encontrado pecado ni dolo.
En la Carta de S. Pedro dice: Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura (sin engaño), a fin de que crezcáis para la salvación. Rechazad por tanto todo engaño, hipocresía, envidia y toda clase de maledicencias (1 P. 2,1-3.)
Faltamos a la rectitud para con Dios desde el momento en que queremos servirle buscándonos a nosotros mismos, nuestros intereses bajo capa de gloria de Dios. También  la falta de rectitud puede darse en la práctica de las virtudes. Hemos dicho muchas veces: Dios mío, os amo con todo mi corazón. Y los hechos muestran que el corazón sigue apegado a algo que Dios me está pidiendo.  La humildad es muchas veces más aparente que real. En nuestras oraciones también puede haber falsedad.
La rectitud perfecta en el servicio de Dios es una virtud rara, y por ello no tenemos que dejar de lado este instrumento como algo que  no va con nosotros.
En las relaciones comunitarias se puede deslizar la doblez. Así la obediencia tiene que ser sin artificios, pues de lo contrario puede ser un manto de la propia doblez. Cuando sólo se busca la voluntad de Dios, la verdadera obediencia es sencilla. Pero la voluntad propia busca sus ventajas y para ello se vale de artificios.
Hay doblez cuando calculamos las cosas para que todo pueda salir según nuestro deseo, esquivando aquello que a uno no le agrada.
La prudencia del mundo, que se llama astucia, política, diplomacia,  no es con frecuencia otra cosa que doblez. Y suele llamarse cándidos a los que tienen el corazón recto y sencillo. Parece que para algunos el disimulo es una ley a la que uno tiene que  someterse, si se quiere vivir en sociedad. Esta falsa prudencia, distinta de la que Jesús recomienda. Si se introduce en una comunidad se pierde la sencillez y candor que son uno de los encantos de la vida comunitaria.
En un ambiente así, uno se ve obligado a pesar sus palabras, que pueden ser maliciosamente interpretadas se hace imposible la unión, porque cada uno tiene sus pequeños intereses ocultos, sus pequeños resortes secretos, que ahogan la confianza fraternal, ya que  no podemos conocer el verdadero pensamiento de un hermano disimulado. Y a su vez este hermano difícilmente cree que se le dice la verdad.
En fin, nada de afecto, nada de paz y unión  pues siempre se está temiendo alguna astucia o engaño oculto.
El espíritu  de doblez, es el destructor de la vida cenobítica. Cierto que no se pueden descubrir los pensamientos a todo el mundo, pero no es razón para que seamos astutos ydisimulados.
Dichoso el monje que intenta vivir de tal manera que se le puede aplicar  la frase de Jesús: He aquí un verdadero israelita en el que no hay dolo ni engaño.

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