143.- No guardar resentimiento alguno. (4,23)

publicado en: Capítulo IVa | 0

Hay diversidad de traducciones de este instrumento cuyo texto latino es “iracundie tempus  non reservare” por no guardar ocasión de venganza.
El resentimiento es uno de los vicios más reprobados por la Regla. S. Benito lo condena sin contemplaciones, en diversos capítulos de la Regla. En este cap. 4 lo condena con diversos términos. No dar falsa paz, no abandonar la caridad, soportar pacientemente las injurias, amar a los enemigos orar por ellos, reconciliarse con el que ha tenido un choque antes de ponerse el sol,…Todo esto está haciendo referencia a evitar toda sombra de venganza, de resentimiento.
En otros capítulos también habla del perdón de las injurias, quiere que  el Padre nuestro sea recitado en voz alta  dos veces al día para vaciar los corazones de todo resentimiento. No puede soportar S. Benito que nube alguna venga a empañar el resplandor y dulzura de la caridad fraterna. Quiere que todos formen un solo corazón y una sola alma. Que las más pequeñas heridas hechas a la caridad sean reparadas, curadas y olvidadas. El monasterio benedictino tiene que brillar sobre todo por la paz, para que la voz del señor pueda ser oída, pues en el tumulto de las pasiones, el ruido del amor propio, de las palabras hirientes, etc. lo impiden.
También la venganza, el resentimiento es un vicio muy reprobado por el Señor. ¿Qué es el evangelio sino un reclamo para la dulzura y el perdón? Jesús ha  pasado haciendo el bien. Qué dulzura ha mostrado a la adúltera, a la samaritana, a Pedro, a Judas, a todos los que le habían ofendido. Cuando los discípulos piden que haga caer fuego sobre la población ingrata, les dice que no conocen de qué espíritu son.  No es el espíritu de Jesús que es manso y humilde de corazón.
La dulzura es el espíritu de Jesús y cualquiera que se deje llevar de la cólera y resentimiento, no puede  pensar ser discípulo fiel de Jesús. Que hermosas promesas  hace a los que practican la dulzura y que amenazas contra los que se apartan de esta virtud. Nos asegura que seremos juzgados por esta virtud cuando nos dice: Perdonad y seréis perdonados.
El resentimiento es uno de los vicios más opuestos a la caridad, causar pena al hermano con palabras o acciones son heridas hechas a la caridad. Los impulsos de la cólera son heridas más o menos profundas  inferidas a esta virtud.
Pero son actos transitorios si nos retractamos o reparamos, reviviendo así la caridad herida. El resentimiento por el contrario conservado fríamente, persiste en su disposición contraria a la caridad. En esto se parece al odio. Mientras exista resentimiento, falta la caridad. La caridad si existe, se traspira al exterior necesariamente en palabras, gestos.
Bajo este aspecto ¿somos verdaderos discípulos de Cristo?

Dejar una opinión