88.- La regla maestra en todo.

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Por tanto sigan todos la Regla como maestra en todo y nadie se desvíe de ella temerariamente. (3,7)

De suyo la regla intenta plasmar el carisma que vivió, que testimonió y que S. Benito quiso legar a sus discípulos posteriores.  Es un modo concreto de seguimiento de Cristo por la caridad perfecta, fin  último de toda regla en general y de la vida religiosa en particular.
Podemos ver en la regla escrita por S. Benito un modo  particular de vivir el evangelio.

 

Así aparece claramente  tanto en la RM como en la RB.  Ambas  reglas definen al cenobita como un monje que vive bajo una regla y un abad.
La regla es algo distinto evidentemente, del abad, y el mismo abad está sometido a la regla, debiendo descubrir y encarnar en su vida el carisma original de la regla.
Así en el siglo VI aparece la regla monástica como misterio de obediencia para todos, abad y monjes. El  abad debe obedecer al Espíritu  y también de algún modo a los hermanos a los que debe escuchar. Los hermanos obedecerán al abad y también unos a otros. Y todos obedeciendo a la regla, como mediadora del Espíritu.
Siguiendo el carisma benedictino, los cistercienses del siglo XII quisieron  volver a practicar la RB con toda su pureza y  completándola con datos procedentes de la vida de S. Benito.  En realidad  se trataba de una utopía, ya que pronto  debieron  coleccionar usos y costumbres que la vida  impone  más allá de la regla.
No siempre se ha tenido en cuento el principio hermenéutico de Pedro el Venerable: “rectitudo regulae caritas est.”
Considerada a lo largo de los siglos, el texto de la regla ha sido como la carta fundamental de la vida monástica.
Podemos hacernos la pregunta de ¿cómo tenemos que interpretarla hoy  en este tiempo de renovación y de de cambio acelerado? ¿Qué valor teológico y espiritual tiene para nosotros, hoy, este texto lejano?
Se pueden tener diversas actitudes. El culto de la regla.  Esta actitud presupone en principio que lo sagrado está  fuera de la crítica, y la regla es “la santa regla” y por consiguiente, se puede hablar de culto de la regla, como  programa de vida e ideal de santidad para los religiosos.
No podemos menos de recordar el libro del P.Colin, lectura poco menos que obligada en nuestros monasterios  en el tiempo preconciliar.
El autor define el culto  de la regla como “la perfecta observancia  de la misma  provocada, sostenida y vivificada  por la fe, la confianza y el amor a la regla.
Otra postura  puede ser la de estudiar  la regla investigando sus fuentes, estableciendo la genealogía de la obra, esclareciendo cada texto con su fuente, distinguiendo paralelos, diversas etapas en su devenir histórico. Se estudian los diversos manuscritos del texto, sus variantes, para pasar luego a la interpretación.
Los resultados de este arduo trabajo son muy provechosos  y enriquecedores. El peligro está en hacerse esclavo del método o cerrarse a otro tipo de relecturas. Puede quedar reducida la regla a un mero espejo de tradición o en el mejor de los casos se trataría de una tradición viva que se enriquecería por la tradición anterior y enriquecida por los que la viven  hasta el día de hoy.
Un tercer camino es intentar ver la intención de S. Benito, lo que quiso y pudo hacer. Esto también es interesante, pero tampoco se debe descuidar el texto. Lo que dice, como lo dice en sus diversas articulaciones y estructuras a nivel de contenido y de forma.
Tengamos en cuenta que el autor de la regla, es un creyente carismático y por consiguiente  hay que tener presentes los procesos de su pensamiento, la vigencia  evangélica cristalizada en la regla. Se trata de no quedarse en el carisma del autor, sino remontarse al autor del carisma, el Espíritu que es el que en definitiva  llama al seguimiento de Jesús de una forma determinada.
Así como el cristianismo no es una religión del libro, sino que a través del libro inspirado, se debe llegar al encuentro de un Dios personal que nos llama y que se nos ha hecho  cercano en Jesús, el monje no es el hombre del libro, de la regla,  sino que por la regla debe llegar al encuentro con Dios, y hacerse el mismo buena noticia para los hombres de hoy
Resumiendo, nuestra actitud ante la regla hoy, incluye dos movimientos, fluyo y reflujo. El primer movimiento lo podemos  llamar centrífugo, de nosotros a la regla y de la regla, al carisma de S. Benito y por el carisma, encarnado en nuestras vidas, al seguimiento fiel de Jesús.
El segundo movimiento sería a la inversa. Sintiéndome llamado a seguir a Jesús, encuentro el modo  concreto de seguirle hoy en el carisma plasmado en la regla. Ambos  movimientos son necesarios e incluyen la dialéctica del análisis y síntesis. Fidelidad y creatividad, crecimiento en el Espíritu, autor de  carismas, testimonio gozoso de Jesús que vive hoy en nosotros.

 

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