84.-El consejo en la RB.

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El capitulo del consejo ofrece, además de lo dicho ayer, un gran interés por situar al abad frente a la comunidad definiendo claramente sus atribuciones. Dejando de lado las fuentes, de que ayer ya hablamos,  nos fijamos en dos puntos importantes, en esta mirada general.
En primer lugar la insistencia  de la RB en los derechos y deberes del abad.  Los derechos  no son, como hasta hace poco se creía, sustancialmente diferente de los señalados por la RM. Pero  se los señala con una precisión acrecentada. Esto indica la preocupación que tiene de salvaguardarlos de una manera más eficaz que el RM. 

 

La RB reserva todas las decisiones al abad. Los hermanos son convocados solamente para que  expongan su parecer.
 El abad es también  dueño del procedimiento: convocación del consejo, la determinación de los asuntos a tratar, la exposición  del tema. Todo depende de él.
La RB trata de los deberes del abad con una fuerza nueva. Ya no es su principal preocupación escuchar los  consejos de todos los hermanos, como si esto fuese suficiente para garantizar una buena decisión conforme a la divina voluntad.
Le invita también al abad a disponer todas las cosas con  prudencia y justicia, y hacerlo todo con temor de Dios y observancia de la regla, pensando en el juicio divino. Todo ello manifiesta de modo nuevo la fabilidad del superior.
De todos modos, la conclusión  que saca Benito, no es la necesidad de limitar los poderes  y compartir su autoridad. Por el contrario, los derechos de abad, en este capitulo, salen reforzados. Benito le concede al abad plenos poderes, no por una confianza ingenua, sino por  un conocimiento de causa, persuadido de que todo  bien pensado, las cosas no irían mejor si se dispusieran de otra forma.
El segundo punto importe es la obligación para todos, de seguir la regla. La RM solo hacía una velada alusión a esta obligación. La RB considera la regla como la norma suprema, que debe estar presente en todas las consultas a los monjes, y todas las decisiones del superior. La ley debe al mismo tiempo, sostener la autoridad del jefe y  contenerla Sobre todo en los momentos de crisis, tanto el abad como la comunidad, la mejor salvaguardia que tienen es el respeto a una regla. El abad no es nada sin una regla

 

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