2.- INTRODUCCION (2) Valores monásticos

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2.- INTRODUCCION (2) Valores monásticos

Como entrada al comentario de la RB voy a tratar de hacer un resumen de los valores monásticos que encontramos en ella. Como es evidente se trata solamente de un esquema y todo esquema tiene el peligro de tener un aspecto de caricatura  y no se puede expresar en toda su riqueza cada uno de estos valores. Pero puede ser útil hacer este esquema.
Se puede poner la conversión  como base. La conversión tiene dos aspectos: uno negativo  y otro positivo. El aspecto negativo es apartarse del pecado y de todo aquello que nos puede llevar al pecado. Es lo que podemos llamar en general la ascesis. El aspecto positivo es el buscar a Dios  o también unión con Dios. Así  tenemos: conversión, ascesis y unión con Dios.
Entre los dos extremos, ascesis y unión con Dios, podemos colocar la comunidad, pues en la comunidad donde  hemos de encontrar a Dios.; pero vivir en comunidad es ya una ascesis.
Alrededor de estos tres puntos, buscar a Dios, Comunidad y Ascesis  podemos coloca r todos los demás valores.
Alrededor de la unión con Dios podríamos colocar  la oración pública o coral, la oración personal.  Después  la lectio, la soledad, el silencio., todo lo que se relaciona más íntimamente con Dios. Aquí también podemos colocar la devoción a la Virgen  ya que nuestra orden tiene esta fuerte tradición, aunque no la encontraremos explícitamente consignado en la RB., pero ciertamente nos puede ayudar a realizar la unión con Dios.
Junto a la comunidad tenemos que colocar la estabilidad, por cuyo voto tenemos que permanecer con la comunidad, en comunidad.: el trabajo manual para ayudar a subsistir a la comunidad; las relaciones fraternas que ciertamente son muy importantes.
También podemos poner la acogida, la apertura a los huéspedes, ya que la acogida no es una cosa  exclusiva del P. Hospedero, sino que es más bien de toda la comunidad la que acoge a los huéspedes que llegan al monasterio. Algunas veces se oye comentar a algunos huéspedes que dicen: “Me agrada esta comunidad, pero no es precisamente por el Padre que ha hablado conmigo: es toda la comunidad, es el ambiente, es la atmósfera la que me habla a mí. Se ve, se palpa que hay un grupo, una comunidad  que busca verdaderamente a Dios”. Esta es la acogida que tenemos que dar a los que llegan a nosotros: dar testimonio de que somos unas personas que buscamos a Dios.
Alrededor de la ascesis colocamos los tres votos: pobreza, obediencia y castidad. Aquí es donde quizás se acentúa más el aspecto de caricatura, puesto que estos tres votos no son exclusivamente ni principalmente ascesis; pero hemos de reconocer que algo de ascesis se encuentra en su base.
También en la parte ascética tenemos que poner las vigilias, el ayuno, la abstinencia, la humildad y todas aquellas cosas que en la vida ordinaria se pueden hacer difíciles.
Este puede ser el esquema de los valores monásticos cistercienses. Alguno puede preguntar cual es en este caso la diferencia con los benedictinos.
Podemos afirmar que los benedictinos aceptan todos estos valores, excepto quizá en muchos monasterios el trabajo manual.
La diferencia entre estos valores vividos por los cistercienses de los benedictinos es que nosotros intentamos vivirlos de un modo muy simple y con un matiz de austeridad. No hay que cargar tintas sobre este aspecto penitencial de austeridad. Rance insistió un poco demasiado, dando ocasión a cierto rechazo contra La Trapa, para buscar el auténtico espíritu cisterciense. No obstante hemos de reconocer que esta nota de austeridad es peculiar del Cister. Y sobre todo aún más la simplicidad.
En los monasterio benedictinos se han añadido otras cosas a los valores monásticos, por ejemplo asisten a parroquias, o hacen apostolado directo, o publican revistas tienen el apostolado del canto… Estas cosas  completan  los valores monásticos  pero complican el modo de vivir  estos valores monásticos.
Nosotros en general no añadimos nada: son valores monásticos y solo valores monásticos, por eso digo que nuestra vida es más simple, no admitiendo nada que nos pueda complicar la vivencia de estos valores. De modo que si los complicamos perdemos algo importante en nuestra vida.
Lo esencial es buscar la voluntad de Dios, pero el modo de expresar este valor puede cambiar, como los demás valores. El P. General nos ha presentado un cuadro en el que se indica la manera preponderante que en cada época del siglo XX se han vivido estos valores. Los matices que se han resaltado, aunque sin olvidar los de otras épocas.
Así antes nos comunicábamos por señas, y se creía que haciendo señas continuamente, se guardaba el silencio. Ahora se permite hablar y esto no quiere decir que se vaya contra el silencio. El verdadero y auténtico silencio  consiste en conservar la paz y la tranquilidad interior para estar siempre  en la presencia de Dios y para mejor orar. Si criticamos acciones, estamos atentos a toda información, si estamos atentos a todo lo que hacen los demás, no hay auténtico silencio. Hay que reconocer que la expresión del valor del silencio es distinta ahora de años anteriores. Si cuando hablamos lo hacemos siempre con caridad, con relación a Dios y siempre con Dios, no encontraremos contradicción entre silencio, palabra y comunicación.
La reflexión pausada sobre la Regla, nos puede ayudar a resaltar todos los valores que deben aparecer en nuestra vida para que sea auténtica.

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