58.- El abad.

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58.- El abad.

El nombre de abad, cuando lo utiliza la RB ya tiene una larga historia monástica y premonástica.
Abba, de origen arameo en el NT solo se aplica a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y padre nuestro, y es Jesucristo quien lo pronuncia y es el Espíritu Santo el que lo pone en nuestros labios.
¿Cómo aplicar este nombre divino a simples mortales? Sobre todo teniendo  presente que el mismo Jesús había advertido, “no llaméis padre   unos a otros en la tierra, pues vuestro padre es uno solo en el cielo.”
Parecía una irreverencia y una falta de docilidad al Señor. S. Jerónimo no deja de señalarlo. Dice: Siendo así que abba, en lengua hebrea y siríaca significa padre, y nuestro  Señor en el evangelio ordena que a nadie se le llamase padre, nada más que a Dios, no se con qué licencia en los monasterios llamamos  a otros o nos dejamos llamar nosotros mismos con este nombre”
Se ha conservado un dicho de S. Pacomio que dice: Yo jamás pensé que yo era el padre de los hermanos, pues solo Dios es padre”
En realidad la única justificación posible para atribuir  a un hombre, en el plano  religioso el nombre de Padre, ha sido precisamente el rendir homenaje a la única paternidad de Dios, que dicho hombre representa, como hemos dichos días anteriores.
Así lo entiende  más tarde el mismo S. Jerónimo, cuando usa la expresión “sanctus Pater” para designar al superior de los monjes,  que puede decir a Dios Padre: Mi pueblo no me está sometido a mí, sino a ti, me sirve a mí para servirte a ti.
Ya en los inicios del monacato, empezó a utilizarse entre los monjes la palabra abba, aunque desprovista de todo sentido de jerarquía o autoridad real. E incluso de toda relación con su uso en el NT.
No la encontramos en S. Atanasio, ni en las cartas de  S. Antonio ni en otros documentos primitivos. Aparece a finales del siglo IV en la Historia Monachorum, en la Historia Lausiaca, en los Apotemas.
En los textos monásticos egipcios no debe entenderse como un mero título honorífico que daban los hermanos a los ancianos. Se empleaba en el sentido propio y real, pues se consideraba a los ancianos verdaderamente como padres espirituales. como personas a través de las cuales se  ejercía la paternidad  de Dios en los desiertos.
El abba era tan solo un monje que ha llegado a la perfección y recibía el Espíritu. Poseía el carisma del discernimiento  de espíritu y la ciencia espiritual, capaz de pronunciar palabras de salvación,  inspiradas por el Espíritu, y  por consiguiente de comunicarlo, de engendrar, hijos según el espíritu, hasta  formar en ellos monjes perfectos y futuros padres espirituales.
Pero como siempre pasa, las palabras se van deteriorando con el uso y perdiendo sentido.  El sentido por su partera evolucionando y en las primeras colecciones de apotemas, vemos como abba, se convierte  en puro título honorífico cuando se aplica a personajes como Teófilo de Alejandría que no brillaba precisamente  como padre espiritual.
Su sentido característico, técnico  y pleno de los orígenes se iba esfumando en la medida que iba desvaneciéndose el espíritu que animó a las primeras generaciones de monjes.
En occidente abbas se impuso  bastante pronto sobre otros nombres con los que se designaba  al superior de la comunidad monástica. En el siglo VI era el término más usual para designar al superior de un monasterio. Por tanto la RM como la RB no innova. El abbas es el nombre del monje que rige el monasterio, y ya está desprovisto de todo matiz que pueda recordar  su significado más general y primitivo, que aun encontramos en Casiano, de monje anciano y padre espiritual.

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