50- .Los sarabaítas

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50- .Los sarabaítas
– El tercer género de monjes, y pésimo por cierto, es el de los sarabaítas, estos se caracterizan por no haber sido probados como oro en el crisol por regla alguna por el contrario, se han quedado blandos como el plomo. (6)

Su nombre nos resulta particularmente expresivo. Sarabaíta, al parecerse compone de “sar” disperso y “abet” monasterio, vocablos coptos ambos y significarían dispersos  con relación al monasterio. Esto es el monje que vive en una celda o cabaña propia.
Como deja suponer Casiano, se les llamó de ese modo porque se  desconectaban de las comunidades cenobíticas, atendiendo por  sí mismo a sus necesidades materiales. Sea de ello lo que fuere, las críticas de S. Jerónimo y Casiano se ceban en ellos sin misericordia.
Jerónimo escribe: “El tercer género  es de los llamados “sarabaítas”, el mas despreciable y detestable. Habitan de dos en dos o de tres en tres o poco más. Viven a su albedrío y  libertad. Parte de lo que trabajan, lo depositan en común para  tener  los alimentos comunes. Por lo general habitan en ciudades y villas. Y por lo demás, como si fuera santo el oficio y no la vida, ponen a mayor precio lo que venden. Hay entre ellos frecuentes barajas, pues viven  de su propia comida,  no sufren sujetarse a nadie. Suelen tener competición de ayunos, y lo que debiera ser  cosa secreta lo convierten en campeonatos. Todo es entre ellos afectado: anchas mangas, sandalias mal ajustadas, hábito demasiado grosero, frecuentes suspiros, visitas de vírgenes, murmuración  contra los clérigos. Y cuando llega una fiesta más solemne, comilonas hasta  vomitar”. (Carta 22)
Casiano los considera los peores de todos los monjes. Infieles, vástagos de Ananías y Safira, farsantes, cismáticos, herejes faltaos de disciplina, de humildad, de obediencia, inferiores en todo a los auténticos cenobitas.
El autor de las  Colaciones tenía a la vista la sátira de Jerónimo que amplifica con nuevas acusaciones y lindezas.
Ante semejantes textos, hay que reconocer que la RB conserva cierta moderación en su crítica, que es con todo bastante dura y posiblemente injusta, por lo menos al generalizar de un modo tan absoluto. Jerónimo y Casiano, partidarios  a ultranza del cenobitismo copto, quieren verlo imitado en todas partes y exageran, universalizan y satirizan  todo lo que no se acomoda a sus  leyes.
 Cierto que en ese monacato libre que florecía un poco en todas partes, podían darse abusos y seguramente se daban. Entre aquellos monjes había vividores e hipócritas, es posible y hasta seguro, porque  ¿Dónde no se dan? Pero condenar en bloque  toda una manera de servir a Dios en una vida ascética es cosa muy diferente y grave.
En realidad los sarabaíta no eran los que Casiano, y tras él la RB llaman cenobitas renegados y degenerados, sino la supervivencia de la natural evolución del ascetismo premonástico, como lo demuestran  no pocos testos de los siglo IV y V.
No porque el cenobitismo estricto ofrezca más seguridad de agradar a Dios, por lo menos teóricamente, hay que despreciar  de un modo tan general y absoluto otros  géneros de monjes.

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