47. Los anacoretas.

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47. Los anacoretas.
– El segundo género es el de los  anacoretas, o dicho de otro modo, el de los ermitaños (1,3)

La RB no distingue entre los nombres de anacoretas y ermitaños. Ambos forman parte, como para S. Jerónimo y Casiano, del segundo género de monjes.
El termino griego  anacoreta se aplica al que vive aparte. Es curioso observar que el verbo “retirarse” había adquirido en la época imperial y sobre todo en Egipto el de “retirarse al desierto” con objeto de escapar de los impuestos o de otras obligaciones civiles o militares que pesaban sobre los campesino. La RB lo utiliza como sinónimo de  ermitaño.
  Eremita indica al habitante del desierto, “eremus”. Poco usado en la lengua monástica y desconocido por los clásicos. Alcanza mucha difusión en la Edad Media
Los párrafos 3-5 del cap. 1 del texto benedictino tienen dos interpretaciones opuestas. Una insiste en la importancia doctrinal del párrafo sobre los anacoretas. La vida cenobítica es una preparación para la vida solitaria. De hecho esta significación es notable. Pero en la RM no tenía la misma importancia material que en la RB. En la RM, la descripción de los anacoretas es bastante más corto que la descripción  de los sabaraítas, y casi imperceptible al lado de la larga  sátira sobre los giróvagos. Y sin olvidar el largo final sobre el abad – doctor.
Al lado de  todo este desarrollo doctrinal, los párrafos que se dedican al anacoreta, apenas tienen relevancia. El relieve que adquieren en la RB es simplemente efecto de la abreviación que hace  Benito sobre  este capítulo de la RM.
Otra interpretación opuesta es la de aquellos que ven  el cap. 1 de la RB como una opción de vida  cenobítica y que a través de unas cortas frases,  ciertamente elogiosas, excluye el eremitismo. No parece razonable pensar que ni la RM ni la RB hayan pensado en una opción  para elegir entre las dos clases de monacato. Abiertamente confiesan que la regla que escriben es para cenobitas.
En la RM, de “Generibus” era un texto  que en su conjunto no tiene otra finalidad que  presentar al abad- doctor. Es como el prólogo de cap., 2. Sigue evidentemente a Casiano. Por  esto se ve claro la decidida adhesión del Maestro  a la doctrina monástica  de Casiano, que considera el anacoretismo, como camino totalmente legítimo e incluso superior a la vida común.
En esto se separa de Basilio, que no admite en absoluto la vida solitaria. En las vidas coptas de Pacomio, sin proscribir el anacoretismo, lo pone muy por debajo de la koinonia. El Maestro al apropiarse la conferencia 18 de Casiano, opta por una presentación del monacato, que no era admitida universalmente por el monacato antiguo.
No tiene que extrañarnos que Casino no hiciese suyas las doctrinas coptas sobre la superioridad de la vida común, ya que nunca  conoció la obra de Pacomio. Pero sí que parece que conoció la regla basiliana. Nada le impedía reproducir la condena de Basilio de la vida solitaria. Esa circunstancia da cierto peso al elogio de los anacoretas  que leemos en el cap. 1.
A pesar del pensamiento de Basilio sobre los anacoretas, no tiene el Maestro ningún problema en elogiar, junto con Casiano este género de vida. Y esto es tanto más notable, cuanto sus mismos contemporáneos no están unánimes sobre este punto.
Ciertamente inmediatamente después, mientras Benito hace suyo su capitulo 1, sin problema, Eugipio  muestra cierto malestar con esta opinión, pues no solamente coloca la conclusión del Thema a continuación del 1 capitulo del Maestro para neutralizar la idea de pasar de la vida común a la soledad, con la invitación a “perseverar en el monasterio hasta la muerte”, sino que hasta la misma compilación termina con la condenación de Basilio a la vida solitaria y unas frases  de Jerónimo, sacadas de contexto, para ratificar esta sentencia.
En las demás reglas cenobíticas desde los orígenes hasta el siglo VII, ninguna contempla el paso del monje cenobita, al eremitismo. La  mención de esta eventualidad, aunque muy breve, y hecha en dependencia de Casiano, es una notable originalidad del Maestro. 47. Los anacoretas.
– El segundo género es el de los  anacoretas, o dicho de otro modo, el de los ermitaños (1,3)

La RB no distingue entre los nombres de anacoretas y ermitaños. Ambos forman parte, como para S. Jerónimo y Casiano, del segundo género de monjes.
El termino griego  anacoreta se aplica al que vive aparte. Es curioso observar que el verbo “retirarse” había adquirido en la época imperial y sobre todo en Egipto el de “retirarse al desierto” con objeto de escapar de los impuestos o de otras obligaciones civiles o militares que pesaban sobre los campesino. La RB lo utiliza como sinónimo de  ermitaño.
  Eremita indica al habitante del desierto, “eremus”. Poco usado en la lengua monástica y desconocido por los clásicos. Alcanza mucha difusión en la Edad Media
Los párrafos 3-5 del cap. 1 del texto benedictino tienen dos interpretaciones opuestas. Una insiste en la importancia doctrinal del párrafo sobre los anacoretas. La vida cenobítica es una preparación para la vida solitaria. De hecho esta significación es notable. Pero en la RM no tenía la misma importancia material que en la RB. En la RM, la descripción de los anacoretas es bastante más corto que la descripción  de los sabaraítas, y casi imperceptible al lado de la larga  sátira sobre los giróvagos. Y sin olvidar el largo final sobre el abad – doctor.
Al lado de  todo este desarrollo doctrinal, los párrafos que se dedican al anacoreta, apenas tienen relevancia. El relieve que adquieren en la RB es simplemente efecto de la abreviación que hace  Benito sobre  este capítulo de la RM.
Otra interpretación opuesta es la de aquellos que ven  el cap. 1 de la RB como una opción de vida  cenobítica y que a través de unas cortas frases,  ciertamente elogiosas, excluye el eremitismo. No parece razonable pensar que ni la RM ni la RB hayan pensado en una opción  para elegir entre las dos clases de monacato. Abiertamente confiesan que la regla que escriben es para cenobitas.
En la RM, de “Generibus” era un texto  que en su conjunto no tiene otra finalidad que  presentar al abad- doctor. Es como el prólogo de cap., 2. Sigue evidentemente a Casiano. Por  esto se ve claro la decidida adhesión del Maestro  a la doctrina monástica  de Casiano, que considera el anacoretismo, como camino totalmente legítimo e incluso superior a la vida común.
En esto se separa de Basilio, que no admite en absoluto la vida solitaria. En las vidas coptas de Pacomio, sin proscribir el anacoretismo, lo pone muy por debajo de la koinonia. El Maestro al apropiarse la conferencia 18 de Casiano, opta por una presentación del monacato, que no era admitida universalmente por el monacato antiguo.
No tiene que extrañarnos que Casino no hiciese suyas las doctrinas coptas sobre la superioridad de la vida común, ya que nunca  conoció la obra de Pacomio. Pero sí que parece que conoció la regla basiliana. Nada le impedía reproducir la condena de Basilio de la vida solitaria. Esa circunstancia da cierto peso al elogio de los anacoretas  que leemos en el cap. 1.
A pesar del pensamiento de Basilio sobre los anacoretas, no tiene el Maestro ningún problema en elogiar, junto con Casiano este género de vida. Y esto es tanto más notable, cuanto sus mismos contemporáneos no están unánimes sobre este punto.
Ciertamente inmediatamente después, mientras Benito hace suyo su capitulo 1, sin problema, Eugipio  muestra cierto malestar con esta opinión, pues no solamente coloca la conclusión del Thema a continuación del 1 capitulo del Maestro para neutralizar la idea de pasar de la vida común a la soledad, con la invitación a “perseverar en el monasterio hasta la muerte”, sino que hasta la misma compilación termina con la condenación de Basilio a la vida solitaria y unas frases  de Jerónimo, sacadas de contexto, para ratificar esta sentencia.
En las demás reglas cenobíticas desde los orígenes hasta el siglo VII, ninguna contempla el paso del monje cenobita, al eremitismo. La  mención de esta eventualidad, aunque muy breve, y hecha en dependencia de Casiano, es una notable originalidad del Maestro.

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